sábado, 1 de agosto de 2015

Mala reentrada

Como una cucharada de mahonesa
que inunda to paladar
y llega a tu epiglotis.
Como contubernio
que con suerte y tiempo
se disipa entre la niebla.
Como un balón intragástrico,
diseñado por los mejores
para llenar de aire tus vísceras
y tus ideas.
Así es el verano.
Tiempo de calor,
de sudar solo para continuar vivo.
De despertar de la siesta de golpe.
Sin saber donde estás,
sin saber qué ha sido de tí y de los tuyos.
Jadeando y chorreante,
con los sentidos embotados.
Deseando, por momentos,
haberte quedado
en la órbita donde estabas.

viernes, 31 de julio de 2015

De academias

Los profesores son nativos, dice el cartelito. Así que entramos y nos matriculamos porque estamos hartos de que todos los profesores de inglés no tengan ni puta idea de ningún otro tema. Sabemos que, dada su condición, nos podrán contagiar su filosofía, sus cosmovisiones, su mística y esas cosas raras.
Así que acudimos los cuatro, Pascual no quería pagar por ir a clase pero le invitamos entre todos para no romper el continuo de estas historias, con las más grandes alegrías y la mejor predisposición.
La señorita que llega al aula es rubia, y no lleva lanza ni escudo.Y nos enseña a decir que es un día lluvioso, o con niebla. Pero no nos enseña a invocar la lluvia, ni a transformarnos en nuestro tótem.
A la salida de la primera clase, en la cerveza de rigor, llegamos a la conclusión de que no le vamos a dar más que esta semana de oportunidad para enderezarse.
Y que, se ponga como se ponga, nos va a enseñar a danzar y tocar las percusiones. Así que pasamos toda la noche tatuándonos espirales con pinchos y confeccionándonos unas faldas de plátanos. Íbamos a ponernos platos en los labios, pero cuando Pascual se ha sacado un par de dientes con una llave inglesa, todos nos hemos echado un poco atrás.
En la última oportunidad para la academia nos presentamos de esta guisa. Cuando nos pregunta dónde hemos dejado los libros y cuadernos que nos dio, empezamos a bailar a su alrededor. Es ahí cuando nos damos cuenta de que se nos ha olvidado la olla. Abandonamos la clase para poder traerla y así cocinar a esa sucia imperialista paliducha. A lo que la secretaria reacciona bajando la persiana de la academia.
Ya en el bar, más calmados, llegamos a la conclusión de que tenemos que denunciarles por publicidad engañosa. Así que miramos en las páginas amarillas, buscando un abogado nativo de verdad. Y un dentista, por supuesto.

viernes, 24 de julio de 2015

Cuando vuelvas
el veinte por ciento
de mis células
serán totalmente nuevas.
Pero yo seré el mismo.
Te seguiré queriendo.

martes, 30 de junio de 2015

La reforma del 6º

El portal anda bien ajetreado últimamente. Montones de ladrillos y maderas esperan pacientes y apilados su turno para subir al sexto piso.
El vecino policía por fin se ha metido en reformas para construir una sala de tortura como Dios manda. Y ese evento, por supuesto, no va a quedar impune en la comunidad.
Ya el primer día, el vecino de la puerta uno, nos advierte que no han puesto ningún cartón en el suelo del ascensor. Y que lo están haciendo mal desde el principio. No sabe cómo va a acabar esto. Yo le contesto que tan solo estoy haciendo fotos de gente sudada trabajando, y del proceso creativo. Pascual dice que está curioseando. El arquitecto calla y mira para otra parte. Acaba de abrirse una lata de cerveza agitada y ésta lanza burbujitas al tiempo que chista ruidosamente al vecino ladrador.
Pronto empiezan las percusiones. Los martillos rompen y tiran estructuras que no sirven para el proyecto posterior. El kioskero DJ nos ha instalado unos micros y unos altavoces en la terraza. Todo el barrio se ve involucrado en los golpeteos y serrajes.
Al final del segundo día, el vecino de la puerta uno, nos advierte que, al marcharse, no se han llevado  el cartón que han acabado poniendo ante sus quejas. Y que todo es una guarrada y un desastre. Yo finjo una llamada telefónica del trabajo y salgo fuera del portal, en busca de cobertura. Todos asienten y me bendicen mientras cruzo la calle hacia el bar.
El tercer día comienzan todavía más pronto. El DJ ha estado jugando con el revert del equipo de música y el sonido resultante es todavía más aterrador. Los perros del segundo piso y el de Pascual tienen ganas de suicidarse. La anciana del séptimo sale de casa, para un taxi, y no vuelve a ser vista en lo que resta de año.
Tras la destrucción, llega la construcción. Tabiques, yesos y esas cosas que pueden durar meses. Ahorraré esta parte que es la más conocida por todos los que hayan sido vecinos alguna vez.
Están descargando el material que sirve de aislante sónico para la habitación, la silicona para pegarlo y unas tachuelas de pega que quedan muy bien en este tipo de habitaciones. Como no saben de qué manera aplicar la silicona, le piden consejo a Niko, que se encuentra en la cafetería. Pascual se pone a jugar con la silicona mientras les explica a los paleta hasta que el propio Niko le da un sonoro capón.
Y, por fin, la parte más glamurosa. La del diseño de interiores. Es cuando los mirones entran a dar su opinión. Que si esa columna con argollas enmedio, no. Que si de esta otra manera se aprovecha mejor el espacio. Que si el panel con los utensilios quedaría mejor en esa pared, enfrente de la camilla... Todo opiniones infundadas de gente que no ha torturado en su puta vida, dicen el arquitecto y el dueño de la habitación.


Cuando los demás duermen
yo me encaramo al palo mayor
a ver las auroras.
Cuando los demás hablan con sus codos
yo callo y escribo,
les veo danzar y discutir.
Yo siempre abro el portal
al señor de la publicidad
por si tuviera algo que decirnos.
Salgo despeinado de casa
para cazar el mayor número de ideas flotantes
en mi maraña de electricidad estática
y deglutirlas luego en casa,
con tiempo.
Pero no hago nada, aparentemente.
Soy un vago, todos lo sabéis.