martes, 11 de septiembre de 2012

Tango Postnuclear

Todavía andás de forma rara
con ese extraño vaivén.
De setiembre no te veo,
parese que fue ayer.
Engañador de baldosas
el tiempo no te cambió.
Tu perro me sigue ladrando
cuando me aserco a vos.

Con tu ADN careado
y a punto de caducar.
Te arrastrás por las calles
nadie te enseñó a andar.

Barrio de mutantes,
por fin te vuelvo a pasear.
Barrio de mutantes,
que me da de trabajar.
Y cuando llego a su frontera
el mutantito, shorando,
me dise ¿dónde vas?
(bis)




Con tu ADN corrupto,
fruto de una explosión,
vos te arrastrás por las calles,
en busca de absolución.
Mutantito, mutantito,
quedáte pobresito
tranquilito en tu cubil.

sábado, 18 de agosto de 2012

El currículo de sekspir

Ahí los tenéis,
pidiendo compulsas, certificados
y toda clase de mierdas en papel
sin mirar a los ojos a la persona que tienen delante.
Protegidos de la verdad
por su archivador y sus juegos de rol,
decidiendo.
¡Cómo os odio!
¡Cómo odio vuestras sucias obsesiones legales!
Vuestra capacidad de búsqueda de la letra pequeña,
del error que dará con
vuestro silencio administrativo
validado por vuestra tenue sensación de seguridad.
Burrócratas de medio pelo...
¿Quién puso ahí semejantes idiotas?
¡Aaaaaaah!
¡Oooooooh!
¡Cómo deseo ver vuestras absurdas caras
cuando vengáis a llamarme!
Y yo, desde lo alto de la pila de certificados
os lance bolas de mierda caliente
y cacahuetes.

martes, 31 de julio de 2012

Conduciendo al archiduque

Puesto que el archiduque no sabe conducir, porque siempre le llevaba el chófer de aquí para allá, nos ha pedido que le demos un par de clases prácticas.
No nos ha especificado qué razón le lleva a actividades tan poco aristocráticas, pero hemos cogido y nos hemos lanzado a la carretera en el coche de Pascual. El archiduque, de copiloto, pregunta obviedades. En los asientos de atrás,  el arquitecto y yo bebemos unas cervezas mientras me cuenta que siempre ha sentido que el archiduque y él vivían compitiendo, que la gente no les distingue y buscan desmarcarse el uno del otro lo máximo posible. Yo brindo con él todas las veces que quiere, pero le hago notar que el psicólogo es otro personaje, y que no nos confunda.
Como es un miércoles, nos metemos en un parking de centro comercial a enseñar a conducir al archiduque. Se muestra muy emocionado, y nos promete una invitación a comer en un sitio que él sabe.
Empiezan sin mí, puesto que tengo que ir al baño. Cuando vuelvo, todavía están ajustando los retrovisores. Finalmente, se arma de valor y comienza a desfilar a ritmo elefantoide.
El motor casi no aguanta sin calarse durante los primeros metros. Le gritamos que pise más fuerte. Un agente de seguridad se acerca a vernos y le da consejos. En la primera curva, las ruedas chirrían y el archiduque frena y sale corriendo del auto.

viernes, 29 de junio de 2012

Como en el día después

El aparato de las aspas marca los latidos,
así como cada gota de sudor que cae al suelo,
cada hora,
cada gruñido de la mecedora,
cada mosca
y cada posible acción o idea fabulosa,
prematuramente muerta de calor cenizo.
Hoy es un día tropical y radioactivo
que se pierde entre la larga lista de muchos otros
que no recordaríamos si no fuera
por ese cielo del fin del mundo.
Las ventanas permanecerán selladas
hasta que pase de largo la plaga.
La luz cobriza, opaca, tarde o temprano desaparecerá
dejando paso a una noche pegajosa,
sin estrellas,
sin vida ni glamour.
No saldremos a la calle, no vaya a ser que...