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miércoles, 18 de mayo de 2016

Al pan, pan. Y al cromo, cromo

¿No se oye el crepitar?
Hoy no han calentado la sartén,
luego no están fundiendo cromo.
Podemos salir a las terrazas
a reír, a charlar, a beber, a recordar.
¿Quién nos hubiera dicho entonces
cuando de niños, entre campos de alcachofas,
matábamos dragones?
Todo ese cromo evaporado
entrando en nuestras vias respiratorias
y protegiéndonos de alergias.
Creándonos exoesqueletos protectores
del miedo a despertar.
Huíamos de los deberes
comiendo nuestros bocadillos
más buenos que el pan.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Barrio

Un paseo por la supuesta avenida
de camido al cajero y la frutería.
Una conversación intrascendental
con mutantes o con ex alumnos.
El olor a cromo duro en el ambiente,
los perros que ladran en los descansillos.
Un vecino se dejó que tenía prisa
por besar a su mujer, ayer
las luces del auto encendidas.
La zapatera haciendo sudokus.
El de los pollos, pollando.
Han abierto un nuevo supermercado.
Las colas para verlo dan la vuelta a la manzana
llegando hasta la puerta de la competencia.
Vuelvo con el brécol y el limpiacristales.
Hace calor.
Los vecinos están de reunión informal
en el hueco de la escalera.
El ascensor nunca llega,
antes iba peor, le cambiamos el motor.
Llegan los mosquitos.
En realidad, este año de calor,
nunca se fueron.

jueves, 29 de enero de 2015

Las paredes
del lavabo de esta cafetería
son exactamente iguales
a las de la última nave
en la que fui abducido.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Los consentidos

A machete, comentario y sonrisas
nos deshacemos de vuestros andamiajes culturales
convertidos en telas de arañas.
Nos llaman los consentidos
porque no nos importan las migas,
ni los cuentos de hadas,
ni los aparatos receptores de ondas audiovisuales.
Porque aún nos queda en la vida
mucho que reír,
muchos abrazos que dar.
Salimos siempre pronto,
volvemos tarde.
Y, a mitad, estamos...
¡por ahí!
Nos llaman los malcriados
porque sabemos reducir nuestras vidas
a no cruzar siempre por el semáforo,
a no ofender de manera inconsciente,
a no sentir vuestros miedos,
ni el frío por las mañanas.
A no perder nunca la ocasión de cantar.
A tener una canción para cada momento.

sábado, 12 de julio de 2014

Esos a los que señalan con el dedo

Esos que señalan con el dedo
por no tener rodillas,
por no soñar con objetos,
por no pensar a su velocidad,
porno.
De vez en cuando nos hablan
de sus vanalidades.
De sus historias.
En cuanto pasan de la tercera frase,
con pronombre personal
en primera persona del singular ,
empezamos a pensar
en nuestras cosas.
Somos ilusos,
que cortamos leña
solo por hacer deporte
y luego la devolvemos al río
antes de que se ahogue.
Llenamos las tardes
de ausencia de rigor,
de libros y de plátanos.
Aullamos a la luna,
a las flores,
al jamón.
Dejamos pasar a las ancianas
aunque luego en la recta
las tengamos que adelantar.
Llevamos así mucho tiempo,
incomprendidos, infravalorados.
Y ellos nos señalan
con sus dedos llenos de complejos.
Y ahora...
pregúntame si me importa.

miércoles, 20 de julio de 2011

Verano, hace una década

Bambábamos por las calles
ebrios
haciendo el gilipollas con las estatuas,
orinando entre los coches,
practicando esgrima con sus antenas.
Buscando cuerpos turgentes
en los que desahogarnos,
donde acabar con el atropello
y la frustración
y, por unos momentos, creer.

Inmersos en misma desesperación
que nos llevaba de vuelta al bar,
donde capitulábamos periódicamente,
dejando las armas y la ignonimia
apiladas en la puerta.
Para luego, al salir, equivocarnos y recoger
las de algún otro.

Nos subíamos a los pedestales
a declamar
causas justas, amores venideros, quejas surreales.
Y nos tiraban tomates.

jueves, 14 de julio de 2011

¿Quién apagó la luz?

No nos dejaban soñar
más de la cuenta.
Éramos sólo contenedores
de sus patrañas.

Alguien resumía mis textos.
Alguien se escondía
entre aparatos ionizadores de agua
y nos tiraba pelotillas de papel
con su cerbatana.

Se esperan lluvias intensas.
Haré el té.

lunes, 31 de enero de 2011

Salve a los campeones!!!

El día del desfile
éramos dioses.
BRAVO!
Nos llevaban en volandas
por las avenidas
hacia la foto oficial.
Teníamos el pelo lleno de confeti,
el orgullo henchido
y las venas saturadas de alcohol.
Nuestras familias se daban codazos
en la primera fila.
Los hoplitas nos abrían paso entre la multitud.
Todos estaban muy orgullosos de nosotros
y de nuestros diplomas.

Toda esa gente
estaba allí por nosotros,
para vernos,
para pisar el suelo que besábamos.
Todos se habían ausentado del trabajo
para hacernos la ola.
Para ellos
éramos tuertos,
figuras relevantes en un entorno gris,
en una tarde gris,
en una fachada gris.
Se hizo el silencio...
Cogí el micrófono
y me puse a llorar.

martes, 28 de septiembre de 2010

El sonido del petisuís

Me asomaba a la ventana
a merendar.
El ruido de las chicharras
se confundía con el de los niños
entrenando para ser algo en la vida.
No la esperes, Velasco.
Por favor, no la esperes.
No la esperes, Velasco,
te he dicho que no la esperes.
¡Por Dios, Velasco,
no la esperes!

jueves, 29 de octubre de 2009

Eso de estar enfermo...

Antes era un ser poderoso.
Podía competir en muy diversas disciplinas.
Podía doblegar un toro bravo sólo on el olor de mis pies.
Corría como un puerro, nadaba como un bisonte.
Volaba más que una tortuga.
Era fiero, prefería el disparate al homicidio.
y me reía del mundo con patatas.
No había ser humano que me ganara al chinchón.
Podía entrar y salir del museo cuando quisiera.
Era poderoso, aunque no hiciera nada.
Esta semana no valgo una mierda.

sábado, 10 de octubre de 2009

El 11 de diciembre.

Nadie volvió a contar con ellos.
Desde que se hicieron públicos
aquellos informes morunos.
Decepcionada, la sociedad entera se volcó en su contra.
Decidida a hundirlos en la miseria.
Todos eran amigos nuestros por aquél entonces.
Todos pasaron a ser proscritos.
Ya no les llamábamos cuando íbamos al bar.
Ya no contábamos con ellos para el baloncesto.
Un día, no les esperé con la puerta del ascensor abierta.
Eran parias sin ecosistema.
No tuvieron suerte.
¡Qué se le va a hacer!

sábado, 3 de octubre de 2009

El viejo Bisagre

Siempre que la casa de campo estaba tranquila, al asomarnos por la ventana veíamos venir desde las huertas al viejo Bisagre.
He de admitir que Bisagre no era de trato fácil. Le veíamos porque era el nosequé de mi abuela, nunca por gusto.
Una vez llegó a decirme que me apreciaba, o que estaba haciendo bien alguna cosa. No recuerdo.
Siempre tenía una crítica destructiva para sus vecinos, o para su entorno. Nunca parecía contento. Siempre estaba dispuesto a ayudar, pero a su manera. Solíamos rehuirle al máximo. Los mayores nos reñían porque lo hacíamos de forma descarada. Ahora comprendo que nos lo endilgaban para no estar con él. Y, encima, los muy hipócritas, nos echaban la bronca a nosotros. Y es que bisagre era un imbécil antisocial. Si no hubiéramos sido niños muy inteligentes, superdotados diría yo, no sé qué hubiera sido de nosotros.
Cualquier cosa estaba mal para él. Nos reñía sin piedad, demostrando su mala condición personal, desahogándose con niños indefensos. Llegamos a sentarnos sin hacer nada para que no nos riñera. por hacer las cosas mal. Y, entonces, nos riñó por no hacer nada.
Hoy aún me acuerdo de Bisagre cuando hago cosas impropias de Hombres, como escribir poesía, o pararme a contemplar los charcos. Aún hoy me despierto en mitad de la noche viendo al Bisagre más deplorable y mal encarado aprovechándose de niños indefensos para descargar sus traumas y obsesiones.
Éramos psicólogos. Éramos santos. Para Bisagre hubiéramos podido ser un comando de terroristas.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Señor Salvador

¿Qué fue del señor Salvador? ¿Alguno de vosotros lo sabe?
Sí, aquél señor que venía al colegio, con su chándal azul, y nos enseñaba a jugar al fútbol. ¿Os acordáis ya? El de la Barba, que siempre llevaba un balón de futbito y un silbato. El señor que empezó a venir en las clases de gimnasia, que se llevaba a todos los chicos al campo de futbito, mientras que las chicas se quedaban con la seño en el otro campo. No se podía elegir. Si eras chico, futbito, si eras chica, al otro campo. Nunca supimos qué hacían las chicas a la hora de gimnasia. Supongo que ballet, o costura.
Siempre comenzaba las clases de gimnasia haciéndonos calentar. Y decía que nos evitaría lesiones. Nosotros no sabíamos lo que era una lesión por aquél entonces.
Cuando decía que íbamos a jugar un partido, le rodeábamos pidiendo que nos eligiera, y el hombre tenía que correr hacia atrás para que no lo arrolláramos. Los que señalaba jugaban el primer partido. Los otros esperaban en la banda a jugar un segundo partido que siempre se producía demasiado tarde, y se acababa la hora de gimnasia nada más empezar. Siempre éramos los mismos los del segundo partido.
Ahora de mayores, os pregunto: ¿Don Salvador cobraba o lo hacía por amor al arte? A veces, me acuerdo, venía otro padre y se quedaba en la banda, arengándonos. Si el balón salía cerca de él, lo controlaba demanera vistosa, como para demostrarnos algo. O para demostrarse algo a sí mismo.
Os hablo del señor Salvador quién, finalmente, decidió hacer una liga de futbito entre los distintos cursos. Que en mi clase formó un equipo muy bueno con los figuras y otro con el resto. Y nunca los intercambió. Sí, el señor que nos enseñó a mover el balón al primer toque, pero que no enseñó al equipo fuerte a perder, ni al equipo débil a ganar. Y si alguna vez, por un azar del destino, el equipo débil empataba o ganaba al otro, los buenos se inventaban reglas, o aludían a un presunto gol de última hora para mantenerse invictos. Era inaguantable la clase de plástica posterior al partido, con el equipo que había perdido por una vez en su vida deleitándose por la amañada victoria de ésa tarde. No se podía replicar, por que te jugabas un currito. No comprendíamos cómo se podía llamar señor Salvador, si nunca nos salvaba de nada. No sabíamos que Señor va siempre con el apellido, y él se reía y tocaba su silbato.
Jugaba con nosotros, y nos intentó inculcar conceptos como el juego de equipo, o la defensa, lo cual me parece una gran metodología para enseñar fútbol pero, sin quererlo, creó dos clases, dos castas. La de losfutboleros y la de los no futboleros. Había un nutrido grupo de gente, con otros talentos que no precisaban de dar patadas a un balón, que nunca fuet enido en cuenta. Ni por Salvador, ni por la profesora de educación física, ni por las chicas de clase, que tanto bordaban.
Si Don Salvador nos viera ahora. Muchos de los que no rascábamos bola por aquel entonces seguimos haciendo deporte. Muchos de los grandes futbolistas de la clase convirtieron sus vidas en un fin de semana continuo. Cómo me gustaría que Don Salvador volviera a dirigir un partido de aquellos entre los buenos y los maletas de la clase. Cómo me gustaría que nos volviéramos a medir. Aunque perdiéramos, hoy sería distinto.
Cómo me gustaría volver a jugar con aquellos abusones bastardos. Con el señor Salvador, con su silbato y su chándal azul, en el patio del colegio. Sin más preocupación que marcar en la portería contraria y evitar que marquen en la nuestra.

martes, 15 de septiembre de 2009

Puesta de sol NARANJA

Me asomo por la ventana y disfruto de los últimos tintes anaranjados de la puesta de sol.
Hace ya bastante  tiempo que llevamos tranquilos.
Han pasado años desde las últimas desapariciones.
Ya hace mucho que no se vuelve el cielo gris verdoso y aparecen los platillos. Se cortaban la luz y las telecomunicaciones, y todos corríamos a escondernos debajo de nuestras camas.
Cuando éramos niños solí­a pasar muy a menudo. Ibas al colegio y dos o tres de tus compañeros ya no volvían nunca más. Era una situación de lo más normal.
Como de adolescentes, cuando empezamos a hacer las primeras excursiones motorizadas. En una ocasión, partimos dos coches y sólo llegó uno. Nunca supimos de nuestros amigos. Ni en los periódicos, ni el los hospitales. Simplemente, se volatilizaron.
Nunca sabíamos a cuál de nosotros se iban a llevar los platillos, como tampoco sabíamos qué hací­an con los desaparecidos.
Desde hace unos años, la situación se ha estancado. Ya no desaparece gente.
No se si han elegido un paí­s menos industrializado o que ya han concluido su estudio de campo y se han doctorado. El caso es que no se escuchan noticias de abducciones.
Y ahora, después de los años que hemos pasado aterrorizados, podemos asomarnos a la ventana a beber cerveza tranquilamente, haciendo planes para mañana.

Mañana será otro día

Son ya clásicas nuestras escapadas,
los tiroteos y las persecuciones,
el ron y las veladas poéticas.

Y los reencuentros con nuestras amadas
en aquel tugurio infecto.
Baja el volumen de la música
que quiero oir las balas silbar.

Éramos proscritos.
Éramos felices.
A veces, cuando huímos de la policía,
tengo ganas de dormirme al volante.

Las vacas flacas

Es una época tan mala que,
icluso cuando metíamos tiros libres,
nos saltaban las lágrimas de la pena.

Las vacas gordas

Era una época tan buena que,
incluso cuando rozábamos la pefección,
lo hacíamos entre risas.

Alba

Cielo despejado, primavera.
El ayuntamiento ya ha puesto
la calefacción y la luz
en Valencia.
¿Dónde está la vieja sirena
                    de la fábrica?
¿Dónde está la casita de la huerta?
¿Dónde está la misma huerta?
¿Dónde están las secoyas?

Abuelito

Siempre que venían los problemas del Norte,
llamaban a mi abuelo,
él les pegaba si se comportaban de forma reprochable.
Siempre que a alguien se le perdía algo,
lo encontraba mi abuelo,
de casualidad,
por ahí,
o revolviendo entre las basuras,
buscando un amor olvidado antaño.
Mi abuelo era ágil y poderoso,
y nunca violó a ninguna niña,
mi abuelo nunca dijo una palabra más alta que otra,
nunca se exilió,
ni perdió un solo tren.
Se constipaba y ya no regía,
y veía colores refulgentes, y fuentes.
Se constipaba a menudo, creo.
Y se sonaba los mocos con el mantel de la mesa camilla.
Le añoro, aunque nunca llegué a conocerlo.
Siempre estaba hambriento,
nunca cejaba en su empeño.
Compró una fotocopiadora
y la repartió entre los pobres.

S/t

Nuevamente,
hemos estado a punto de derrocar a los archiduques,
esos que tanto odiamos,
esos que tanto permitimos.

Cómo me hubiera gustado
asestarles, por fin, el golpe definitivo.
En su misma casa,
con sus mujeres,
con sus hijos,
con sus tarjetas de crédito.

Y por ahí van, los malditos,
campando a sus anchas.
Por tierra, mar o aire.

Cómo me hubiera gustado tener los arrestos ésta noche.
cerrar el puño.
Dar el golpe definitivo.
Malditos archiduques del demonio.