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miércoles, 31 de octubre de 2018
Rutina diaria
Soñamos con meter a los futbolistas en el horno
a ver si se cuecen las ideas de sus seguidores,
con aprender a delinquir de oído.
Soñamos con el viaje soñado,
con las colas para facturación de alegrías.
Despertarse por la mañana, e invertir.
Todas las mañanas, lanzamos al aire suspiros.
Todas las tardes, los recogemos del suelo.
Caídos, devaluados, pisoteados
por los caballos de las carrozas de nuestros amos.
Cuando cae la noche,
los políticos fingen normalidad, y tiemblan.
Algunos se orinan en sus sábanas.
Otros se quejan de escorbuto o gota,
sufriendo orgasmos pensando en el concepto de poder.
Vuelve la luz del día.
La luz que custodia la puerta del garage, parpadea.
Un coche va a salir.
martes, 31 de enero de 2017
viernes, 15 de enero de 2016
Poner el lavavajillas
Poner el lavavajillas.
Hacer que todo cuadre.
Conseguir que funcione.
Esforzarse al máximo
para no tener que lavar a mano
cosas que ya se han lavado.
Dejar pasar las aspas bajo montañas de loza y alimentos.
Administrar, de manera sabia,
espacios y turnos
tratando de obrar con sabiduría,
siendo ecuánime.
Jugar a ser el demiurgo protector que tiene las piezas contadas
de vidrios y porcelanas de distintas colecciones.
Reproducir las leyes universales de la física
en el interior de un electrodoméstico de gama blanca.
Pongo el lavavajillas
ordenando cada una de sus piezas.
Durante un instante
somos lo único que existe en el universo.
Pongo el lavavajillas
y me convierto en el heraldo de la entropía,
un ser superior que juega al tetris con vuestras vidas
para que, por la mañana,
todo pueda continuar.
Hacer que todo cuadre.
Conseguir que funcione.
Esforzarse al máximo
para no tener que lavar a mano
cosas que ya se han lavado.
Dejar pasar las aspas bajo montañas de loza y alimentos.
Administrar, de manera sabia,
espacios y turnos
tratando de obrar con sabiduría,
siendo ecuánime.
Jugar a ser el demiurgo protector que tiene las piezas contadas
de vidrios y porcelanas de distintas colecciones.
Reproducir las leyes universales de la física
en el interior de un electrodoméstico de gama blanca.
Pongo el lavavajillas
ordenando cada una de sus piezas.
Durante un instante
somos lo único que existe en el universo.
Pongo el lavavajillas
y me convierto en el heraldo de la entropía,
un ser superior que juega al tetris con vuestras vidas
para que, por la mañana,
todo pueda continuar.
sábado, 5 de julio de 2014
miércoles, 16 de abril de 2014
Por fuertes y gallardos que sean
por altos o bajos,
sean de costa o cordillera,
de estudios, de callos o grasas,
con años a sus espaldas,
curtidos en mil batallas
o con la inocencia de la juventud,
próceres o villanos,
de bella o repugnante estampa,
con exceso de confianza,
o con ésta por los suelos.
Nadie, ellos o ellas,
serán capaces jamás
de mantenerme la mirada
en el ascensor.
por altos o bajos,
sean de costa o cordillera,
de estudios, de callos o grasas,
con años a sus espaldas,
curtidos en mil batallas
o con la inocencia de la juventud,
próceres o villanos,
de bella o repugnante estampa,
con exceso de confianza,
o con ésta por los suelos.
Nadie, ellos o ellas,
serán capaces jamás
de mantenerme la mirada
en el ascensor.
domingo, 1 de septiembre de 2013
jueves, 29 de agosto de 2013
En la terracita
Como los miro y escribo, creen que soy una especie de espía industrial, que estoy socavando información acerca de sus negocios y tejemanejes. Y llegan a plantearse seriamente llamar a sus matones para que me quiten la libreta.
Por suerte, pasa por la calle el archiduque, que me da un abrazo aristocrático de los suyos, se disculpa por la prisa y se sienta en la mesa de los figuras.
El más malo no me quita ojo, el que tiene la mirada sucia, el que no ha perdido la oportunnidad de ponerse por encima de la camarera ni de amenazar a unos empleados que circulaban por la calle con algún asunto a mitad.
Pero a mí me importan un carajo sus inversiones y rencillas. Yo los observo desde el punto de vista de un artista-bio-antropólogo. Estudio sus relaciones de poder, sus miradas, sus semblantes, su jerarquía. Sé, por ejemplo, que el más malo es también el más envidioso, el que necesita encarecidamente saberse imprescindible. Aporta constantemente datos supuestamente obvios y relevantes, o muestras de subjetiva genialidad.
El más anciano no para de fumar y asentir. No me ha quedado claro si les oye. Está en ese grupo por algún tipo de respeto atávico o tradicional. O quizá porque es el verdadero inversor en ese grupo de sinvergüenzas. A su lado se sienta su asesor personal, que calla y apunta mentalmente. No perdonará ni una.
Además del propio archiduque, que no parece enterarse de la misa, hay un individuo más joven, que ríe las gracias del malo, aunque no las comparte. Es, sin duda, el técnico, arquitecto, o lo que sea de especialista que necesitan para sus correrías. Su trabajo no es en la cafetería, así que se excusa y se va.
Llega otro al que llaman Gran Persona. No está en su peso. El archiduque le da un abrazo como el mío. Se sienta y habla de barcos y de tonterías. Todos le hacen fiesta, es el verdadero ejecutivo alfa de la reunión. Si él abandonara, todo se iría al garete, y ellos lo saben. Y demuestran que todos son unos mierdecillas, poniendo sus cuellos en el suelo para que los pise si le place.
Y el gran lobo orgulloso, que se reía de los demás y confundía camareras del Este con prostitutas, agacha las orejas y mete el rabo entre las piernas. Se tumba sobre su espalda, esperando una caricia en la pancha.
Gran Persona me mira y sonríe contento. Saca un paquete de galletitas con forma de hueso y lo reparte entre sus caniches.
domingo, 18 de agosto de 2013
lunes, 12 de agosto de 2013
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