El viento me corta la cara
a la altura de la bicicleta de alquiler.
Parece ser que ya han retirado los cartones
que los Reyes Magos tiraron por toda la ciudad.
Amenaza lluvia, como si fuera invierno,
así que no podemos sacar las guitarras a la calle.
Y, básicamente, ha vuelto la normalidad normal.
Una anciana habla sola.
sábado, 11 de enero de 2014
viernes, 10 de enero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
Pinceladas deslunadas
El frío entra por los barrotes,
congelando las prioridades.
La reunión de vecinos se postergó
indefinidamente.
Otro vecino rompe a llorar.
Para el recolector, nunca es suficiente.
Nunca tendrá bastante.
Nunca completará la colección.
La joven modelo sale del portal
y el ascensor huele a perro mojado.
Algún desaprensivo
ha pintado en el suelo
una línea roja
para que no nos caigamos por el agujero.
congelando las prioridades.
La reunión de vecinos se postergó
indefinidamente.
Otro vecino rompe a llorar.
Para el recolector, nunca es suficiente.
Nunca tendrá bastante.
Nunca completará la colección.
La joven modelo sale del portal
y el ascensor huele a perro mojado.
Algún desaprensivo
ha pintado en el suelo
una línea roja
para que no nos caigamos por el agujero.
lunes, 6 de enero de 2014
lunes, 30 de diciembre de 2013
lunes, 23 de diciembre de 2013
jueves, 19 de diciembre de 2013
Los ascensores son también nuestros
Nos tienen a cada uno en su burbuja, encerrados en nuestros dispositivos buscando respuestas rápidas de nuestros contactos. Si no vemos más allá de una pantalla táctil, no vamos nunca a darnos cuenta de las necesidades del prójimo. Así, nuestro sabotaje social se corta de raíz, incluso antes de nacer. Un solo gesto, por pequeño que sea, puede ser el detonante de un nuevo mundo.
Mirar a los ojos a la gente. Ésta ha de ser la solución. A partir de hoy queda mundialmente prohibido consultar el móvil dentro de los ascensores.
Al principio cuesta. Los capitanitos se sienten desafiados, como las bestias. Las doncellitas se sienten observadas. Todos se comportan como les han vendido que tienen que actuar. Pronto serán personas.
Cuando consigamos que todos los usuarios mundiales de ascensores dejen en el bolsillo sus inquietudes conectivas y dejen de mirar los números de los pisos, daremos otro golpe de efecto: a partir de ahí, estará prohibido hablar del tiempo, de fútbol o de las cosas de la finca.
Y es en ese preciso momento cuando los individuos comenzarán a conocerse. Se darán consejos, intercambiarán recetas, quedarán para jugar al dominó.
Y toda la esfera terráquea girará felizmente, pues sus habitantes se conocen y cuidan los unos de los otros, comparten la comida, se cuentan cosas.
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