Desde luego,
no pensé que me pillaran.
Decidme,
decidme en qué os he fallado
y yo apologizaré
y recogeré con palillos chinos
todas las lascas
de vuestro roto corazón.
martes, 19 de febrero de 2013
sábado, 16 de febrero de 2013
Variación al arpegio 2532
Sentado en la mesa de la esquina,
removiendo el café,
esperando que alguien viniera a sobornarme.
removiendo el café,
esperando que alguien viniera a sobornarme.
miércoles, 13 de febrero de 2013
El negocio del hortelano
El día es claro, precioso,
parece de plástico.
Y los esclavos bien vestidos
salen a la calle
a buscar clientes potenciales.
Siguen tendencias del mercado.
Innovan y consultan diferenciales.
Dan consejos vía telemática
y han escuchado las últimas novedades
del estudio de viabilidad.
Y yo miro por la ventana
a las nubes,
los pájaros,
las fábricas.
Y mientras sueño con metahumanos,
desenvueltos en una era transtecnológica
dominada por la envidia y la avaricia,
uno de ellos se derrumba ante todos
porque se trata de mucho dinero.
parece de plástico.
Y los esclavos bien vestidos
salen a la calle
a buscar clientes potenciales.
Siguen tendencias del mercado.
Innovan y consultan diferenciales.
Dan consejos vía telemática
y han escuchado las últimas novedades
del estudio de viabilidad.
Y yo miro por la ventana
a las nubes,
los pájaros,
las fábricas.
Y mientras sueño con metahumanos,
desenvueltos en una era transtecnológica
dominada por la envidia y la avaricia,
uno de ellos se derrumba ante todos
porque se trata de mucho dinero.
lunes, 28 de enero de 2013
miércoles, 2 de enero de 2013
Ahora ya, en serio
Profesional polifacético, centrado y extremadamente honrado, en la cúspide de su desarrollo físico e intelectual, con dos carreras, se ofrece para trabajar de lo que sea.
jueves, 29 de noviembre de 2012
El retorno del medio Archiduque
El Archiduque ya no está gordo. Y yo creo que nunca más lo vamos a ver poniendo su tripa de frente para pasar entre las mesas. El otro día estábamos de quintos en el bar, hablando sobre la Revolución Industrial, todos los amigos. Pascual atendía a la televisión. El Arquitecto se levantó a por otra ronda y yo contradecía todos los argumentos de Niko. Una tarde normal, como tantas otras. Si no fuera porque el Archiduque no bregaba, no insultaba, no se tapaba los oídos cuando alguien decía algo en contra de la nobleza, no nos miraba por encima del hombro. Y nosotros aprovechábamos la circunstancia para explayarnos lo más posible.
De repente, el archiduque salió de su trance y se puso a llorar. Le preguntamos qué le pasaba, le abrazamos, le dimos muestras de apoyo incondicional. Incluso pedimos un biberón para meterle la cerveza. Pero no supimos cuál era su problema.
Harto, se deshizo de nosotros a puñetazos y se fue, sollozante. Desapareció durante un mes.
Y hoy ha vuelto al bar. Nadie le había visto durante este tiempo. Y ahí está, delgado, consumido. Ya no parece un archiduque.
Dicen que quemó las grasas llorando. Que con sus lágrimas regó los campos. Que plantó lechugas. Que ahora solo come lechugas propias. Yo, no me lo creo.
Su apariencia ha cambiado, pero no su fondo. Ni tras un mes de ausencia le hemos arrancado una invitación.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Sobrevivir
Ya sólo nos queda sobrevivir.
Desde que se dieron cuenta
de que éramos sus esclavos,
apenas se acuerdan de nutrirnos.
Ya no tenemos colores
para expresar la vergüenza,
los que la conocen.
Desde su azotea,
el director nos grita consignas
que debemos seguir
Sobrevivir,
contra viento y marea,
contra las órdenes de los rectos,
apostando siempre al caballo perdedor.
Sobrevivir,
en este mar de sargazos
que te acompañan hasta casa
y se meten en tus pesadillas.
Sobrevivir, alienados,
rodeados de ondas wifi,
de dientes azules del averno,
sin una libreta en la que dibujar.
El objetivo:
Viviremos sobre los demás, si podemos.
Y el que no, notará el peso sobre sus hombros
durante la estampida final.
Los miles de tacones sobre el bazo,
la cartera de inversión,
los helados, el papel de regalo.
Desde que se dieron cuenta
de que éramos sus esclavos,
apenas se acuerdan de nutrirnos.
Ya no tenemos colores
para expresar la vergüenza,
los que la conocen.
Desde su azotea,
el director nos grita consignas
que debemos seguir
Sobrevivir,
contra viento y marea,
contra las órdenes de los rectos,
apostando siempre al caballo perdedor.
Sobrevivir,
en este mar de sargazos
que te acompañan hasta casa
y se meten en tus pesadillas.
Sobrevivir, alienados,
rodeados de ondas wifi,
de dientes azules del averno,
sin una libreta en la que dibujar.
El objetivo:
Viviremos sobre los demás, si podemos.
Y el que no, notará el peso sobre sus hombros
durante la estampida final.
Los miles de tacones sobre el bazo,
la cartera de inversión,
los helados, el papel de regalo.
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